Una humana y su perro con Ansiedad por Separación

Una humana y su perro con Ansiedad por Separación

Un poco de historia. 

 

Malva es una perrita mestiza de un año y un mes de edad, que vive en Chile junto a nosotros. Lleva actualmente tres meses (junto a sus padres humanos y su abuelo Blas – Dachshund –) cursando un plan de entrenamiento para superar la ansiedad por separación.

Malva fue encontrada junto a sus hermanos y hermana, en la calle, al cuidado de su madre. Un equipo de personas muy nobles se encargó de darles refugio, iniciando posteriormente el proceso de buscarles una familia adoptiva.

Fue un día de lluvia cuando ví a Malva por primera vez, en brazos de su cuidadora. Tenía puesto un pequeño abrigo que la cubría del frío y miraba con sus pepitas negras y brillantes, con cara de sueño.

La llegada a nuestro hogar. 

 

Al día siguiente llegó a nuestro hogar, donde fue recibida con alegría y curiosidad por su abuelo Blas.

A Malva le gustaba morder cosas (además de manos y talones), jugar, ladrar y comer… ¡Sobre todo comer! Cuando le servía su comida, se ponía muy ansiosa, ladraba muy agudo y saltaba. La comida desparecía en cinco segundos.

Las horas de paseo también eran difíciles. Cada vez que se acercaba un perro o veía un perro a lo lejos se ponía muy ansiosa, tiraba fuertemente de la correa, ladraba fuerte y agudo, se desesperaba y a veces mordía mi pierna (también mi trasero cuando volvía a casa xD).

Para que pudiese dormir puse al lado de mi cama una caja mediana con un tapete y una manta, pero se ponía muy inquieta, lloraba, mordía y rompía su cama. Al poco tiempo aprendió a saltar y salirse de la caja, así que no tuve otra opción que subirla a mi cama y permitirle dormir conmigo, pues era la única forma de que se sintiera tranquila.

Nuestro encuentro cara a cara con la Ansiedad por Separación. 

 

Cuando entraba al baño para ducharme, lloraba y ladraba. Tenía que llevarla conmigo al baño para que dejase de llorar.

Cuando salía de casa, Malva se quedaba con su abuelo Blas, ladraba y ladraba por horas, mordía y rasguñaba puertas, orinaba cama y distintas partes del departamento. Lo más triste era escucharla aullar. Algunos vecinos se quejaban y otros se preocupaban porque creían que estaba siendo maltratada.

Probé todo lo que encontré: Arneses, collar anti-ladridos, distintos tipos de platos, música, aromaterapia, flores de Bach, peluches, juguetes, Kong nivel Dios, medicamentos.

La Luz al final del túnel.

 

¡Hasta que al fin vi la luz al final del túnel! ¿Qué es lo que más necesitábamos? Guía y acompañamiento diario.

Y aquí apareció Moira [efecto de sonido ‘Milagro’]. “Súper, partamos por lo más básico”.

¿Tendré paciencia? ¿Lo podremos lograr? Cada día que ha pasado desde que iniciamos este compromiso con Malva, ha sido como construir un castillo de naipes de varios pisos. Cuidando cada detalle, incluso un leve suspiro podría derrumbar todo lo que se ha avanzado (lo bueno es que se puede volver a armar).

¡Y vaya que se ha avanzado!

Un pequeño testimonio.

 

1ª Semana:Ok, salgo del apartamento, junto la puerta por fuera y vuelvo de inmediato”.

Tiempo de ausencia: 1 segundo.

11ª Semana:Ok, salgo del depto, cierro la puerta, bajo por la escalera, me quedo esperando”.

Tiempo de ausencia: 15 minutos… (¿Ya pasaron los 15 min?) 30 minutos… (Se me cierran los párpados) 45 minutos… (¿Dónde está mi cama?) 60 minutos… (Quiero ir al baño)

¿Y qué sucede al otro lado? Malva durmiendo en su cama / Malva acostada observando / Malva jugando con Blas/ Malva chismoseando por la ventana <3

Gracias Moira, por educarnos (los humanos) para que nuestros regalones puedan sentirse más libres, tranquilos y seguros.

Silvana, Malva & Blas